Nueva Zelanda me movió el piso.

Christchurch,  14 de noviembre de 2016 a las 00:02 horas Ntz

Soy de esas personas que tocan la almohada y se duermen, así que como todas las noches estaba planchada. Entre sueños escucho que me llaman, una llamada que se iba incrementando en energía, pero a mi me costaba reaccionar. Cuando entro en conciencia no termino de comprender si estaba boleada del sueño o todo se estaba moviendo realmente.

La luz de la habitación se mecía de un lado a otro, mi cama parecía una cuna y yo sin poder salir del estado de incomprensión. De un momento a otro, salto dela cama. Los movimientos eran cada vez más fuertes.

Haber vivido con chilenos fue de gran ayuda para ese momento. Abran las puertas ya pasa¨, repetí las indicaciones que me habían dejado mis amigos experimentados en estos temas. Cuando comienza el movimiento abrir las puertas para que no se traben; si se sigue moviendo colocarse debajo de los marcos y si continua salir al lugar más descampado de la zona. Sabiendo que podía ocurrir tome nota atentamente a cada indicación que me dieron, ellos vivieron muchas situaciones similares y desgraciadamente peores.

Luego de que abrimos las puertas de la casa incluida la de calle los movimientos seguían, seguía temblando y cada vez más fuerte.

Comenzamos a Salir a la calle con miedo, incertidumbre y mucho nervio. Es un estado indescriptible, una mezcla de carrusel, samba y montaña rusa. El piso se movía paralizando la vida de la superficie. En un momento me puse en cuclillas esperando que la cuestión se sienta menos pero no… Claro era el piso el que se estaba moviendo. Comencé  a sentir un malestar en la panza, mareos, náuseas, dolor de cabeza, síntomas que nunca había experimentado juntos. A los cuales llame ¨el mal del terremoto¨.

Durante dos minutos no paro de moverse, para mi gusto demasiado tiempo. Las cortinas metálicas golpeándose; la calle como un espejo de agua se movía como cuando una gota golpea el agua serena. Una luna llena que acompañaba desde muy cerca.

Los vecinos también salieron a la calle y se acercaron para preguntarnos si estábamos bien o si necesitábamos algo, siempre muy atentos y acompañando a los novatos.

Cuando paro entramos a la casa cruzamos miradas pero ninguno tenía palabras para explicar lo que habíamos vivido.

Intentamos volver a la cama, pero no funciono, una réplica fuerte nos levantó rápido otra vez. Mientras todo sucedía chequeábamos Facebook, páginas de noticias locales y contestábamos los mensajes de nuestra gente que nos preguntaba si estaba todo bien.

Defensa civil alertaba un posible tsunami, recomendando a las personas ubicadas cerca de la costa oeste moverse a las partes más atas de la ciudad.

La casa en la que viviamos está ubicada a 9 km de la playa pero de todas maneras accedimos a emprender la huida. No fue fácil tomar la decisión pero la mayoría de la casa quería subir a la montaña. Preparándonos un bolsito rápido, pasaporte y cosas importantes, abrigo y mantas para pasar la noche. Los 6 en el auto, todos arriba y salimos, en el camino autos con la familias completas y hasta sus perros.

Camino arriba se iba sumando gente y  más gente a la carretera. En la banquina cada vez más autos estacionados. Cuando llegamos a la parte más alta, estacionamos y bajamos a ver la hermosa ciudad desde allí. Ya había estado en aquella montaña pero para ver un atardecer increíble, la vista era alucinante. Una ciudad encendida, despierta como nunca había visto antes. Eran las 2 de la mañana y nosotros parados al borde del acantilado que nos separaba de un miedo mezclado con aventura, sonrisas y ganas de gritar. Acompañados por esas luces que divisábamos a lo lejos, marcando caminos y todos con un mismo sentido, hacia arriba.

Cuidando la batería del celular para poder dar aviso de cualquier novedad y tratando de pegar un ojo, con frio, mucho frio.

Seguía llegando gente y encontrándose con sus familiares  y abrasándose. Pudimos descansar unas horas y al amanecer, sin saber lo que había sucedido bajamos y volvimos a la casa. La bajada fue sorprendente, autos, autos y autos estacionados a lo largo de la ruta en los costados. Los vecinos con bandejas ofreciendo café calienten a los que habían pasado la noche en la fría intemperie. Las plazas se habían convertido en parques de estacionamiento. En casa todavía se escuchaban las sirenas de evacuación pero de todas formas intentamos dormir. 5 de la mañana, ya el sol presente, muy cansada y con sentimientos raros que no dejaban pegar un ojo.

En la cama con el celular cargado y la familia calmada, comencé a buscar información de lo que había ocurrido. El tsunami solo llego con olas de 2 mts en la costa este de la isla sur. Paso a ser un susto, una anécdota.

Sentir que solo fue una experiencia nueva y solo eso era lo que necesitaba para poder dormir. Por suerte quedo en eso, una experiencia un recuerdo del que tengo presente cada detalle y que en cada temblor que sucede después de aquel día reviven en mí.

.-Daniela

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